La B de buenos perdedores

‘Si no tuviera territorio, no lucharía por lo que es mío, pero es esta nuestra historia de convivir con enemigos.’

‘Que viva la música, que vivan todas las músicas’, le escuchamos decir a Sara Hebe la noche que fuimos a verla junto a Ramiro Jota en el Bar de Rene, y fue esa frase saturada de simpleza la que funcionó como eje implícito y explícito de las conversaciones de esa y mil noches, noches de bailar reggaetón, cumbia punki y electropop, de construir proyectos, de activarnos y motivarnos con nuestra vida política, valga la redundancia.

La frase dicha se plasma en cada canción de este disco, así como en los dos discos anteriores de Sara y Ramiro, quienes construyen canciones de rap sobre bases de ‘todas las músicas’, sin excluir ritmos ni sonidos, haciendo un homenaje constante a la cultura popular, planteando quizás que lo popular no es algo de lo que debamos renegar, ya que eso puede transformar luchas masivas en elitismos de ‘los que siempre se creyeron especiales’, sino que más bien es algo de lo que nos deberíamos apropiar, usar, disfrutar. Y si dentro de este espacio social que disfruta de lo popular nos parece que se debe hacer crítica a formas, letras, ritmos, esta crítica debe ser un poco más transversal que selectiva y obvia (como decir que el reggaetón es sexista e ignorar todos los horribles símbolos de amor machista que se encuentran históricamente en la canción romántica en casi todas sus formas).

Es así como en ‘Colectivo vacío’ podemos encontrarnos con canciones como ‘Pucha’, cuya base recuerda bastante en sonidos y ritmo al axé que sonaba en los primeros 2000s, y cuya letra y entonación están llenas de rabia, lo que genera canciones difíciles de encasillar entre pop e ira, ritmo y garabatos, un montón de pena en la mochila de una viajera que está camino a encontrarse con todos sus amigos.

Sin embargo, esta no es la canción más rara del disco, podemos encontrarnos con experimentos aún más curiosos como ‘HO!’ (‘single’ promocional del disco), con base de cumbia villera, letra romántica-política o ‘El pedido’, que parte con una emocional guitarra distorsionada y luego agarra una base punk—pop que la hace coreable, dulce, adolescente sin perder la crítica y la reflexión en las letras, lo que nos hace pensar que en realidad no tendría por qué perderlas, y que podríamos perfectamente empezar a deconstruir la relación histórica entre ritmos, armonías y temáticas; lo amoroso no tiene por qué ser lento, lo feliz no tiene por qué estar armado sobre acordes mayores, lo bailable no tendría que ser sexista.

Una propuesta y un llamado a desprejuiciarse y extender las reflexiones y la crítica a nuestros propios círculos e ideologías, a desarmar nuestras formas y nuestras músicas para trabajar por nuevos sonidos que reconozcan toda nuestra historia.

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El futuro se fue, nuestra historia empezó

Pensando el título del segundo álbum solista de Jorge González como una predisposición a una reflexión en torno a la historia y al tiempo, voy a intentar escalar este disco, es decir la historia, a un año cerrado (como alguna vez hizo Carl Sagan con la historia del planeta tierra, guardando las proporciones). Para esto me he tomado la libertad de clasificar las canciones de este particular disco en las cuatro estaciones del año. Nada de esto es muy serio, mucho de esto es muy personal, pero voy a llevar esta idea hasta el final para tratar de entender o al menos involucrarme mejor con este confuso grupo de canciones raras, que alguna historia están contando. Además lo voy a compartir, eso sólo porque pienso que el disco aun no es tan conocido y creo que el ejercicio no va a salir tan mal.

Otoño

La estación de la calma y el ‘recogimiento’, se espera la lluvia, se descansa antes del cansancio, hay caminatas y hay reflexiones tranquilas. Las canciones han de ser sencillas y silenciosas, representando momentos históricos de encierro y replanteamiento, comienzos o cierres como broches de procesos: Culpa, con un sonido zen y la voz desordenada que canta sobre resignaciones. Por otro lado, Celebrando el comienzo de la luna, sonando con esa misma calma pero planteando una idea un poco más esperanzadora, de cara a la estación que siga.

Invierno

Santiago muere. Hay un colapso, hay un desborde, hay tormentas. Y pareciera ser que las tormentas traen consigo el caos, luego el encierro y que el encierro muchas veces trae el ejercicio de caer en la cuenta y proceder a la reflexión, lo que en realidad es algo que atraviesa a este disco casi completo, como si en realidad se tratara de una pura tormenta larga con variaciones frías y duras, cálidas y tropicales, súper eléctricas y húmedas. Lo invernal del disco es quizás lo que es oscuro, melancólico y eléctrico a la vez: temas como La muerte de Santiago, Nieve (con samplers que encierran a la canción y la contextualizan aunque confusamente), la violenta y enrabiada Cuánto aguanta un niño, intentando hacer justicia desde la impotencia más grande y quizás también ‘Mapuche o español’, no tan melancólica pero sí atmosféricamente oscura y fría.

Primavera:

Las alergias y los suicidios que se entrometen en jardines de flores y nuevos amores; las fiestas patrias: días libres y nacionalismos varios. La contradicción de la estación más agridulce del año. Una analogía a ‘nuestra’ democracia; hay de todo pero se tienen que esforzar o tener suerte para obtenerlo.

Como los vientos de septiembre, aparecen canciones como ‘Quien canta su mal espanta’ o ‘el poder’, dulces y terribles, ambas cargando reflexiones claras sobre el absurdo que representa el arte como producto comercial, y sobre cómo esta visión del arte como mercancía es aún más espantosa al estar atravesada por la exacerbación de los egos, del poder del artista frente a su público, del sometimiento general ante su genialidad y talento y de los símbolos que marcan el ascenso a ese poder: el escenario, el micrófono, la distorsión.

Sobre el lugar del músico o la música, hay una canción que señala:

‘Es un poder igual, y sangra y daña y mata y muerde y te hace pedazos y hace pedazos a los demás que les toca estar cerca.(…) y yo que creía que el único malo era Walt Disney.’

 El acercamiento a esta crítica llama la atención por ser emotivo y poético:

‘Quien canta por un contrato

se vuelve lo que parece,

y su mal no espanta, y su mal no espanta, y su mal se agiganta, y su mal se agiganta

y lo riega por el mundo, lo riega por las radios, lo riega en escenarios, lo riega por la tele,

y lo publican en los diarios, imprimen las imprentas, y lo filman en los cines, y lo amplifican.’

Y que este disco haya vendido poco y haya significado el fin de un contrato discográfico le da un valor agregado a esta serie de afirmaciones incómodas.

Verano

Bajo el sol y en las playas suenan canciones tontas y alegres, como El niño y el papá. Particularmente rara en un disco de canciones raras debido a su estilo ingenuo y básico al punto de parecer ironía pero a la vez sin justificarse. Una canción más bien mala que parece salir de ’31 minutos’ pero sin chiste alguno que contar, o es que me falta una parte de la historia.

El verano también contiene inevitablemente la idea de descanso; si no es a través de vacaciones, es mediante las vacaciones del resto. El futuro se fue, como si no quedara nada ni nadie, como si no nos quedara algo en lo que creer. Sin embargo, la melodía es casi triunfal, la base sobre la que se canta de desesperanza está cargada de ganas, combates, motivaciones, fuerza y un corazón gigante que arde. Ese futuro se fue pero se podrá armar otro.

P.

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El río invierte su curso

 

When honesty becomes treason,
a civilization deserves to fall.
When the truth becomes a reason,
to build another wall.

We have decided collectively,
that corrupt institutions,
are more important than the people that serve them,

or the society they’re meant to serve.

(‘Urban graves for fetal sharks’, Arroyo deathmatch)

AD

La bandera nacional está invertida y de pronto todo el personal que trabaja en el colegio se moviliza en pos de solucionar el grave problema. Y si todos se mueven no es porque esta esté simplemente mal puesta -así como podría estar arrugada o tener una que otra mancha u hoyito de quemadura de cigarro o de polilla- sino porque es sabido que la inversión de la bandera es una ofensa a la patria o, mejor entendido, un rechazo a los valores patrios y al estado.

La estrella invertida que está pintada a las afueras de la iglesia tiene significados quizás más puramente provocativos, como la que rayaban los niños del tercero junto con series de tríos de ‘6’ por toda la pizarra, justo antes de que llegara a la sala el profesor de religión con sus tics nerviosos y sus horribles historias sobre sacrificados santos sangrientos y tristes. Se decía que Xuxa hacía lo suyo y que sus canciones al ser reproducidas a la inversa expresaban mensajes de adoración a satán.

Hace años escuché una idea por ahí de armar un taller de escucha de canciones románticas populares para su posterior análisis, con la intención de encontrar en ellas y evidenciar los mitos tremendamente machistas que habitaban dentro de cada una. Surgió también la idea de escuchar estas mismas canciones invertidas, a ver si luego de este ejercicio se producía una especie de exorcismo y nos quitábamos de una tantas inseguridades y espantosos valores conservadores que solo contribuían a la auto-represión y a la perpetuación del patriarcado.

Siendo ejercicios simbólicos, casi sicomágicos, la inversión de ciertas formas y estructuras se presenta como una constante salida a lo tan dura y dolorosamente impuesto; como el poema de Gonzalo Millán (La ciudad 48) que me mostró hace unas horas Cecilia, donde la inversión de la dictadura militar tiene un final feliz; los militares vuelven a los cuarteles, los desaparecidos aparecen; siendo el poema un ejercicio de sanación de una herida que no tiene por donde cicatrizar.

Arroyo deathmach es una banda de Nuevo México que hace una música que combina elementos folklóricos con punk, no siendo el resultado un sonido directamente folk punk, sino algo mucho más agresivo, quizás mucho más punk. Usan la cruz invertida como logotipo y como bandera, y explican este hecho como una declaración de rechazo a todos los horrores que la imposición de la religión cristiana ha generado desde sus primeros pasos; la evangelización como una lobotomía cerebral y de corazón, de cuerpo y de alma de poblaciones enteras.

Quizás lo que musicalmente hacen, también, es hacer pedazos unas cuantas representaciones de lo conservador y de lo revolucionario para armar un collage bien sencillo pero violento, recordándonos que no se puede ignorar la historia al pensar en la transformación de la sociedad, evidenciando tantos símbolos que tenemos tatuados en la cabeza y en el corazón y que quizás con un trabajo quirúrgico simbólico, algo así como una operación laser, podríamos invertir o al menos girar algunos grados; quizás no vamos renunciar fácilmente a la navidad, a la música popular, a los chistes cochinos, al fútbol, pero sí podemos replantear cada fiesta y cada canción como momentos más liberados, renunciar al autoritarismo, al machismo, a la vida como un sacrificio por el cielo. Renunciar a ese Dios inquisidor a través de cruces, banderas, estrellas y cintas invertidas.

P.

PS: Este disco y un parcito más están en el bandcamp de la banda. Aun así, como siempre, les dejamos el link de descarga para el reseñado Through the fear of it.

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Negro corazón

Que me tenga cuidado el amor

Que le puedo sacar lo punk rock

(Y. A.)

 

Perdidos entre la gente, si estás conmigo soy un poco más valiente

La revista Muy interesante contaba, en un especial sobre el amor, la historia de una pareja de chinos (un chino y una china) a quienes se les prohibía estar juntos. Ella era viuda y él un joven soltero, el amor que se tenían era tan grande que decidieron arrancarse, armaron un refugio en una cueva ubicada en las montañas, y en él vivieron hasta que se murieron, en él se quisieron hasta que se murieron, en él creyeron en su amor hasta que se murieron.

Entro en la órbita del sol, vamos a chocar, qué casualidad, compré un par de globos, preservativos y un licor, ordené mi habitación, te invito a volar, te invito a dormir, estaré bailando al rededor un baile infinito que bailo para vos

El día más helado de lo que va del año empieza con un cielo blanco-grisáceo en el que se escribe el versito de ‘paramar’ de Los Prisioneros ‘recuerdo cuando dije que este invierno sería menos frío que el anterior, y aquí estoy, congelándome’.

Las parejas felices que exponen sus perfectos panoramas en facebook, las parejas infelices durmiendo cada noche juntas sin decirse nada, los enamoramientos secretos entre familiares, entre amigos, entre alumnos y profesores, los que tratan de vivir relaciones sin armarlas, sin nombrarlas, sin amarrarse, todos tienen que mirar por la ventana las mañanas de invierno y preguntarse por unos 2 o 3 segundos para qué, y leer esa misma frase en el cielo nublado, blanco y lijoso.

Y es quizás cuando empieza esa reflexión que lleva a cualquier repuesta, el pequeño gran momento subversivo del amor, porque cuando se habla del amor como un sentimiento o una especie de ‘motor revolucionario’, a menos que sea en contextos cristianos/hippies, se suele obviar que ese amor revolucionario es el amor de parejas, cuando el amarrarse a otro puede ser la decisión más floja y cómoda de la vida. La apertura constante a amar a cualquiera también puede ser un acto inconcientemente represivo, frenamos cualquier avance de sentimientos y pasiones hacia una persona particular pensando en que eso limita nuestro posible enamoramiento hacia otros, limitando las grandes pasiones que se pueden sentir por una persona en especial. Los amoríos y sus subidas y bajadas y sus vértigos y sus emociones fuertes son al final de las pocas cosas que tenemos al alcance para experimentar con nuestra libertad y de paso para sentirnos vivos; como el dolor, como las comidas, como el frío y el calor; lo violento del amor, su cuestionamiento, su puesta a prueba y su desarme son factores capaces de mover montañas chinas infinitas y gigantes.

La sombra del gigante que encierra la noche suele lastimarme en silencio, a mil años de olvidarme de vos.

Lo que parece ser este disco de bicho bolita es una declaración de amor a cada momento de amor, una colección de desahogos, un cuaderno de memorias honestas y desarmadas, imprudentes y desaliñadas, acordes clichés pero desafinados, sucias sonoridades mezcladas con lugares comunes de la lírica y la armonía propias de la canción romántica popular, manchados con barro, matizados con violencia y desgarro.

Lo que sea que hayan sentido esos chinos de la revista los llevó a cambiar sus vidas radicalmente, a construir un lugar que -me gustaría creer- funcionaba con sus acuerdos, sus ganas, sus discusiones y sus resoluciones, sus pasiones y con la rebeldía como un amuleto de buena suerte y salud. Hasta que llegó un periodista y les sacó fotos y todo se fue a la mierda, claro.

Un día podrías pasar a buscarme, invitarme a perder la tarde mirándonos. Es cualquiera la primavera, enciende la hoguera, quema maderas y echa más leña a tu corazón.

 Bicho bolita – negro (Bajar aquí!)

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KIT: desarme y (sin)sabores

Desarmar:

Quitar o hacer entregar a una persona, a un cuerpo o a una plaza las armas que tiene.

Dejar a alguien incapaz de replicar o reaccionar.

Desunir, separar las piezas de que se compone algo, como un reloj, una escopeta, una máquina, un artificio, etc.

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Michel Lotito es el nombre de quien creía mito urbano; el hombre que se comió un avión y 18 bicicletas.

Cómo se puede comer lo indigerible? Como se traga el metal, el plástico, la goma, si no es desarmándolo? Lo imposible aparece como viable cuando se piensa en la división en casi eternos pedacitos ínfimos de cada material; así como los olores son trozos mínimos de la materia que los expele, así mismo imagino a Lotito, partiendo en millones y millones de pedazos el avión, decidiendo, según un extraño orden de antojos, qué pieza atacar primero y con qué bocado terminar cada día de duro trabajo alimenticio. Dos años se supone que demoró en comer el avión. Broken Voyage dura 21 minutos y 9 segundos.

El paso del tiempo, la cantidad de bandas de un mismo estilo, la reiteración de cierto sonido y la saturación por sobreexposición pueden terminar matando y mutando totalmente la apreciación que se tiene de un género musical; el cariño se va, o bien, no basta con el cariño. Las sensaciones de escucha cada vez menos novedosas han hecho de ciertos estilos una masa intragable, una bomba de almidón que no cabe por ninguna parte. No porque sean géneros difíciles de escuchar, sino porque agotan y de pronto ya no entregan ninguna emoción, ninguna sensación, ningún mensaje, ninguna cosa de ningún tipo. Así me parece, al menos, que ha pasado con el post rock, con el emo, con el hard core, entre muchos otros. Y me parece, también, que para que ciertas ideas musicales, con sus formas, mensajes, colores, sean recuperadas, es necesario el desarme.

Kit no hace algo particularmente digerible, a diferencia de Lotito, pero sí desarma para transformar, tomando elementos del emo, del hard core, del punk, del ‘lo fi’ (que no es un género sino mas bien una sonoridad), de la electrónica y la ‘música del mundo’ y, armándose de mantras propios, repitiendo melodías, repitiendo frases y repitiendo movimientos, generan temblorcitos.

Particularmente en este disco se pueden escuchar baterías saturadas, muchos juegos stereo, gritos sucios y de vez en cuando una sonoridad de ‘ensayo’ que confunde y desorienta. Sobretodo llama la atención ese juego que se hace con la mezcla del disco, eligiendo colores y tratamientos específicos y particulares para cada instrumento, como tomados aisladamente, pensando en distintos estilos y épocas; las voces suenan a veces más a punk, a veces más a pop, a veces suenan a gritos tribales y por un lado y por el otro; así mismo, la batería suena cerca y después lejos, trasladándose la clasificación y la ubicación física de este disco a cada track.

Broken voyage es punk por pedacitos y eso genera, a su escucha, la sensación de un universo sonoro super gigante y super barato, a veces aleatorio, a veces más cuidado, con evoluciones y desastres.

Sí, también se puede clasificar como raro, contemporáneo, experimental, pero mejor llamar a esto desarme, mejor tragar bicicletas.

 

P.

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KIT- Broken voyage (2007)

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Archivado bajo 2001-2010, descargas!, emo, estilo, indie rock., locura, post-rock, world music

cuando los vencidos se rebelan.

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pincha en la foto para ir al sitio de donde fue extraída.

Una danza salvaje nace, una sola danza.

Al parecer, durante este año el pasado ha perseguido a muchas personas. Algunos creen que están esclavizados, unidos por duras cadenas a lo que fueron.
Las cadenas debieran convertirse simplemente en tiernos hilos que nos mantengan unidos a lo que hemos vivido, sin torturas.

El ep de La Antigua Morada es como uno de esos hilos, que te llevan por los recuerdos acumulados, no siempre acumular es malo, no siempre recordar es bueno.

Recordar… ¿para qué? El reciclaje se puede aplicar también a nuestras memorias. A veces necesitamos traer algo de vuelta y reutilizarlo para darnos cuenta de que lo podríamos estar haciendo mejor, de que ese error ya lo cometimos, de que lo estamos haciendo bien o para reírnos solitos un rato. Para eso.

La experiencia frente al disco será para todos diferente. No todos tenemos las mismas referencias musicales, ni cargamos la misma mochila de recuerdos, sin embargo, todos cargamos una y a veces es bien bonito revisarla.

¡Qué viva la nostalgia pero que no nos convierta en esclavos!

Té.

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El banco mundial – Water world

Alex Mac era una adolescente gringa muy grunge (me acuerdo que en un capítulo defendía su estilo diciendo que no era pasado de moda, sino fuera de moda) que había recibido unas poderosas radiaciones producto de unos experimentos que se llevaban a cabo en la periferia de su ciudad. Las radiaciones la habían transformado y entre sus nuevas características estaba la ‘habilidad’ de volverse agua. Si mal no recuerdo, esto podía ser controlado sólo a veces; en algunas ocasiones Alex se ponía nerviosa o se asustaba y se hacía agua, un agua media plateada, una especie de mercurio que pasaba por debajo de las puertas y se metía en cualquier envase.

Hubo un capítulo de la serie en el que se aunciaba en la escuela de Alex que un periodista afuerino iría a hacer un reportaje sobre los jóvenes, y, no sé si por miedo a que descubrieran los poderes de Alex o por un rechazo crítico al periodismo metiche y mentiroso, el curso se organizaba para engañar al periodista, haciéndole creer que las tribus urbanas a las que ellos pertenecían iban mucho más lejos de lo normal.

Me acuerdo particularmente de un caso; una niña que se vestía entre dark y techno y que le aseguraba al periodista que ella escuchaba música industrial. En el momento en que ella le mostraba su música al tipo, este escuchaba el sonido ambiente de la zona de industrias de la ciudad; maquinarias y silbidos desordenados, algo que al periodista llamaba mucho la atención hasta el punto de asustarlo y desviar su atención de lo que pasaba con Alex y sus transformaciones de cada día.

Water world tiene quizás algo de ese paisaje; el entorno del pueblito como un cordón de fábricas y laboratorios misteriosos y medios siniestros de los que, sin que sea la intención, brotan rayitos finos y direccionales que llevan poderes absurdos y locos a adolescentes post grunge.

La organización del ruido, y la forma en la que se va ordenando a lo largo de este disco, hace que algo de esas fábricas medias oscuras se nos aparezca en frente, pero como si pudiéramos meternos por debajo de las puertas y ver qué es lo que se hace dentro y cuales son los planes de los que arman el asunto. Por otra parte, se van apareciendo y entremezclando sonidos más bien ‘finos’ de sintetizadores que forman el bosque del entorno, el pueblo arquetípico del que ya hemos hablado por acá: Twin Peaks, San Antonio, Ventanas. El mundo como una zona de constante y eterno riesgo, como un paisaje ancho tan desastrozo y preparado para que una ola gigante de puro mercurio lo cubra y lo transforme en agua es más o menos lo que parece graficar este disco, con sus descansos y siestas.

Música para atravesar carteles de prohibición, canciones desarmadas y ruidosas que de repente hasta dan ganas de bailarlas o correrlas.

Algo así, más o menos así, es lo que hace el banco mundial.

El banco Mundial – Waterworld (2012)

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